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“Tengo un problema, tendré que buscar un abogado” (cliente).

Ese suele ser uno de los más corrientes inicios del por qué necesitamos a un abogado, pero cuando esto sucede, normalmente suele ser por cuestiones sobrevenidas, no esperadas (consciente o inconscientemente) o simplemente por lo que nos depara la vida. En estas circunstancias, el iter negocial suele estar bastante adelantado, lo que deja poco margen para una solución amistosa, siendo la continuación el consiguiente pleito. Pero a veces, ese problema que acucia al cliente está en una fase incipiente, por lo que su previsión, análisis y resolución, da mucho más recorrido para una posible solución extrajudicial, e incluso para su prevención.

Dicho esto, hay que dejar muy claro que la maldición de la gitana “tengas pleitos y los ganes” planea sobre todos los que intentan ir a resolver sus cuestiones ante los Tribunales de justicia. Como abogado no tengo una bola de cristal donde predecir el resultado del juicio, pues quien lo haga acarrea la burla o huida funesta la noche de la notificación de la sentencia si es contraria a sus intereses.

La demora en el tiempo desde que se inicia la demanda hasta que existe una resolución firme, después de los pertinentes recursos ante la segunda instancia, puede dejar con sabor amargo una victoria sufrida, esperada pero sin eficacia emocional, pues sólo queda el honor de decir que yo tenía razón. Esto en el mejor de los casos, nada digo si la resolución es la derrota.

Personalmente soy de la opinión que hay que defender tus derechos, pero el momento de solucionarlos es muy importante.

En una empresa, el tiempo es dinero, y una buena gestión en la anticipación de los problemas, es fundamental en la buena marcha del negocio. Uno de los aspectos que normalmente, los pequeños empresarios no tienen en cuenta, es el coste económico que les supone acudir a la vía judicial, por no haberse anticipado a estos problemas, y ahí es donde entra la función de Legal Manager, un departamento jurídico externo que trata de gestionar los costes y las oportunidades jurídicas que pueden afectar al buen fin social de la mercantil. De hecho, hay algún procedimiento judicial o sanción administrativa, que puede tambalear la estabilidad financiera-económica de la empresa.

Por eso, defino en mi web el objetivo del Legal Manager: “La misión principal de este servicio es identificar, minimizar y gestionar los riesgos legales de la compañía en su operativa, asegurando por un lado el cumplimiento de la ley en cada región donde se opere y por otro el alcance de los objetivos estratégicos de la compañía, abarcando temas de derecho societario, administrativo, mercantil e inmobiliario.
Así mismo, gestionará los aspectos legales referentes a la constitución de nuevos negocios y seleccionar el que mejor se ajuste a los objetivos de la empresa, así como dirigir las actuaciones de carácter jurídico de la compañía para una adecuada defensa de sus intereses”.

En definitiva, como dice la sabiduría popular: “Más vale prevenir, que curar”.

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